· 

Reseña al libro Poemas para leer a deshoras de Mariángeles Lonardi, por Antonio Duque Lara

    Ayer 20 de marzo, entrada de la primavera, día de descanso en Japón, salí a dar un paseo para ver si los cerezos del río cercano habían florecido. No aún no, faltan unos días. Fue una visita a destiempo.

    Por la noche, y destaco la parte buena de los nuevos medios de comunicación, me llegó el libro de Mª Ángeles Lonardi con la solicitud, a ser posible, de hacer un comentario literario del mismo.

    Ya lo hice con el libro anterior: El Jardín Azul, y parece que no fue del todo malo.
    “Poemas para leer a deshoras”, la primera interrogante nace de ese “a deshoras”.
    ¿Poemas para leer a altas horas de la noche, en tiempo de descanso, cuya lectura roba tiempo al sueño? Podría ser, de todas formas, es como si desde el comienzo la autora nos estuviera diciendo que no corre prisa, que son cosas sin importancia. San Juan de la Cruz hablaba de su poesía como poemillas que se le habían ido cayendo conforme vivía, que los leamos cuando tengamos tiempo, aunque sea tarde.

    Las clases de español las comienzo con una pregunta trivial: “¿Qué has hecho esta semana?” Y la respuesta suele ser, nada, nada especial, lo de siempre. Pero cuando se entra en ese nada, la cosa tiene enjundia.

    Ciertamente, parece que las personas tendemos a considerar que lo que hacemos son cosas de poca importancia, porque no son cosas que van a quedar en el libro de los grandes hechos.

    Ya desde el Índice, el libro de María Ángeles suena, desprende cotidianeidad, suena a cosas sin importancia, que no merecen la pena ser leídas de urgencia…

    Pero, conforme se va desarrollando la lectura, se percibe que eso es una trampa, es un juego para buscar la benevolencia del lector y que no aparezcan altas pretensiones.
    Sí, es el poemario de la cotidianeidad, de un vivir diario en el que cada momento da un profundo sentido a la vida.

    Los dos poemas, en mi opinión, que señalan lo que voy diciendo son: “De todos los días”, de la sección: “Variaciones de lo cotidiano”, y “Secuencias”, de la sección: “Cotidianeidades”.

    Pero todo el libro respira lo cotidiano, incluso esas escaleras que subimos o bajamos sin darnos cuenta, que pueden representar las dudas de la vida diaria en un ir y venir, sin saber en realidad a dónde vamos.
    “Cosas vistas desde otra perspectiva”: El techo, la puerta, la casa, la máquina de coser etc., ¿hay algo más cotidiano? Y sin embargo, esas cosas que tenemos delante, y a las que muchas veces no les damos importancia, se nos descubren como la base del entramado de la vida diaria. Muchas veces sin ellas no tendríamos sostén para poder actuar. María Ángeles ha puesto su mirar en ellas y las ha revalorado en su justo medio, poéticamente, bellamente poética.

    Esa sección, especialmente, me evoca las lecturas de Alfonsina Storni y de Juana de Ibarbourou, con sus poemas también de la cotidianeidad familiar o los calores del campo argentino.

La polisemia y la cotidianeidad, dos elementos pegados como la sombra al cuerpo del texto.
    “Definitivamente hoy lo sé / me conforman como nunca / tus manos y me dan / la certidumbre / de mi existencia”.

    Una de las cosas cotidianas, a las que tanto hombres como mujeres, no le dan la suficiente importancia, es la comida, es el cocinar. Ellos, por considerar que es lógico que ellas preparen la comida, y ellas, por la queja continua hacia el trabajo tan hermoso de cocinar, que parece que tienen adjudicado desde siempre. Yo diría que la cocina resulta pesada para la mujer porque ella misma no se valora. Necesita imperiosamente que la valoren desde fuera. Y sin embargo, en la cocina se fragua la cultura, muchas veces la mujer es la gran creadora de cultura.

    Está claro que la protagonista del poemario es la mujer, no es condición imprescindible que sea la poeta. Habrá elementos personales, seguramente, pero también los habrá sobre la idea de lo que es hoy la mujer. Una sección se titula: “De mujeres de este siglo”. Pero el tema no se agota en esa sección, traspasa todo el poemario.

    Mujer actual, con el trabajo en el hogar, el trabajo fuera, el cansancio y el deseo de mandarlo todo a paseo en algún momento, incluso el tema de la violencia, la mujer de su tiempo, la mujer y su importancia.

    Imagino a la protagonista del poemario, hemos dicho que no tiene por qué ser la poeta, como una mujer madura, de mediana edad, cargada de las exigencias sociales y las exigencias que se impone ella misma. Una mujer que empieza a vislumbrar que no todo lo importante es luchar, conseguir llegar. Una mujer en una edad en que empieza a buscar la tranquilidad, el apoyarse en el otro y encaminarse hacia el futuro de otra manera.

    La mujer encerrada en el texto está en la edad de cuestionarse muchas cosas, que hasta ahora no había hecho. Es ahí en donde los recuerdos afloran y aparece aquella casa, la otra casa, que se abandonó por necesidad, por imposición. Quizás la salida del “Paraíso” de la infancia y la primera juventud que tienen la raíz de la persona actual.

    Quizás por esa misma edad madura, se trasluce un temor con respecto a los que quedaron, quizás los padres, o parientes mayores. Un cierto temor, inevitable en todos los sentidos, a la muerte. Los poemas dejan escapar ese oscuro sentir.

    No queda fuera la modernidad, el ordenador, el Excel, el móvil y demás cuestiones maquinarias. Cómo influyen en la vida. Y el sentimiento de violencia de trato en los aeropuertos. Desgraciadamente, algo también cotidiano, aunque no se sufra más que de tiempo en tiempo.

    En “Reflexiones” se trata del sentimiento enfrentado entre lo que quisimos ser y lo que somos, siempre con un hálito de frustración por no haber cumplido todos los deseos. Se manifiesta el inconformismo. Pero el poemario acaba con un deseo expresado fehacientemente, en los dos últimos versos del mismo:
“No dejes sin posibilidad de ser
la última palabra de la noche”.
    Una puerta abierta hacia la mejora de la realidad.

    Hay muchos tipos de poetas y de poesía y por lo tanto el lenguaje que se emplea es variado.
    En el libro de Mª Ángeles, el lenguaje acompaña como una sombra a la temática. Lo cotidiano es la temática, el lenguaje cotidiano es lo que impera. Se podría decir en algún momento que es antipoético. Salvo las palabras, pocas, relacionadas con las computadoras, los ordenadores, y alguna típicamente argentina, también pocas, el lenguaje es el de la vida diaria. No estoy muy ducho en el lenguaje almeriense por lo que se me escapa si hay algún término típico de la provincia.

    Un lenguaje para hablar con el vecino, comprensible, sin presunciones. Unas veces suena a diálogo, otras a diálogo interior. El poemario es una interrogación constante de la protagonista hacia sí misma. Ha escogido el perfecto lenguaje para expresar de manera sencilla lo más profundo. Como decía más arriba, el Poemario es una trampa, sin querer tal vez, pero una trampa. O queriendo... De manera sencilla, simple, nos lleva hacia las profundidades del laberinto del alma de una mujer, tal vez de todas las mujeres, en un momento determinado. Nos lleva a hacer un ejercicio de introspección para buscar salida hacia lo universal.

    Siempre se pueden decir más cosas sobre un poemario, por el momento es esto lo que yo creo haber captado. Y agrego de mi pluma:

El poemario
cual los cerezos
 se abrió a la lectura
no importa la hora.

    “Por el momento eso es lo que creo haber captado”. En ese punto daba por terminado el comentario al Poemario de Mª Ángeles. Pero seguía habiendo algo que no me dejaba tranquilo: “Deshoras”.

    Muchas veces esa palabra se usa cuando se hace algo a una hora que no es pertinente: Comer, dormir, estudiar mismo. Como en una ráfaga de luz recordé: Des-honor, des-esperanza, des-aparición y otras que comienzan con des-, casi siempre, no todas, con el sentido de NO. Por ellos “deshoras” podría significar: La poesía no tiene horas porque es atemporal, universal y eterna.

    ¡Eureka!, gritarían los griegos. ¡Yatta! Los japoneses, una especie de ¡Lo conseguí! ¡Lo hice!
    Sí, y aquí se hace realidad la trampa de las palabras. El Poemario, lo que quiere transmitirnos, entre otras cosas, es que lleva una idea de eternidad y universalidad. Que sean temas, de cosas más o menos sin importancia, cotidianas, no contradice los presupuestos anteriores.

    Visto desde esta otra perspectiva, el poemario está abierto a la lectura a cualquier hora.
    Esa misma idea abre el camino a otra, la universalidad. ¿El Poemario habla de su autora? No solamente...

    Como decía más arriba, sin duda habrá elementos personales. De alguna manera siempre partimos desde los límites de nuestro ser, de nuestro cuerpo, para elevarlos a otras fronteras, para trascender.

    Decía, la protagonista es la mujer, no es necesario que sea la poeta. Al elevar el Poemario a experiencia de LA MUJER, se hace símbolo universal, porque mujeres hay en todo el mundo, se expresen o no en poesía.
    Por mi profesión en Japón, llevo 35 años en contacto con mujeres de todas las edades. Recuerdo la más joven, hace tiempo ya, que tenía 14 años, y actualmente la mayor tiene 90 y todas confluyen en lugares comunes.

    Por supuesto cada persona es un mundo, pero en ocasiones se escapan en sus conversaciones las dudas, los sueños frustrados, el no haber hecho lo que se quería, etc., temas muy presentes en estos poemas que por sí mismos elevan al libro a carácter universal.

    Por otra parte, no podría decir que todo lo que se expresa en el texto ha sido sufrido por su autora. Sencillamente, no la conozco. Directamente sólo nos vimos, en una reunión con otras personas, en 2015. Todo el comentario, en mi caso, se desprende del texto mismo.

    La poeta tal vez ha partido de una base personal que se convierte en universal y atemporal. Han sido y son muchas las mujeres que han pasado por una cotidianeidad parecida, con las lógicas variantes de lugar y tiempo. Variantes que son más culturales que reales.

    “En mi caso, parto de algo que me parece evidente y elemento básico a la hora de hablar de poesía: EL CORAZON DEL HOMBRE.

Ese corazón o motor humano yo diría que se mueve por pasiones, por sentimientos profundos o superficiales, de un color o de otro. Esto, evidentemente, es una forma de hablar, para entendernos. Esos sentimientos son como el magma fundido de un volcán. Están revueltos muchas veces, confundidos unos con otros, como los materiales de ese magma. Y estalla el corazón y estalla el volcán, con más o menos control, con más o menos serenidad. El sentimiento de pavor o lúdico, se refleja en un poema, adaptándose a una forma, a una manera de sentir y de hacer de la gente que lo expresa a través de una lengua.
El magma volcánico se desliza por la ladera de la montaña, adaptándose a la misma, a la vegetación, al clima, a todos los accidentes que se encuentra desde que sale por la boca del cráter. Sintetizando: Corazón y volcán vienen a ser lo mismo. Forma cultural, formas de expresión, tradición o renovación, elección histórica y accidentes naturales, clima, vegetación, explosión intempestiva etc., vienen a ser lo mismo, de ahí que podamos decir que entender o no entender un país, su poesía, su literatura, no está tanto en la incapacidad del foráneo, como en su falta de conocimiento de las claves formales, estéticas, históricas etc. del mismo. Una vez en posesión de esas claves, entender, desentrañar el magma sentimental de la poesía de ese país, no resulta tan problemático.

Causas, formas, problemas y método de trabajo al contacto con estos poemas. ¿Por qué esta traducción /recreación de unos pocos poemas japoneses? No diré que soy un profesional de la poesía, pero sí que me dedico a expresar mis volcanes ocultos, mis sentimientos, en esa forma que todos hemos dado en llamar poética.  Muchos caminos nos pueden llevar a conocer a un país, uno de ellos es el de su poesía.

Partiendo de ahí, de ese punto, es evidente que un día tendría que llegar en que me pusiera a trabajar las formas poéticas japonesas para luego verterlas al español para su posible comunicación a personas que todavía no pueden acceder a comprender suficientemente o nada el idioma japonés.

    Aunque es un poco larga la auto cita creo que merece la pena. Esto lo escribía yo, allá por 1985 para una revista de la Universidad Municipal de Yokohama. En resumen, el corazón de la mujer, del hombre, es igual en todos sitios, las diferencias son culturales, no de esencias. Lo pensaba y lo sigo pensando. Y eso es lo que hace universal y atemporal este Poemario.

    Continuando con la lectura del libro, la última parte me llamó más la atención. Creo que en su desarrollo, aunque sigue siendo la mujer la protagonista, está a otro nivel: “De filosofía y de la vida”. El título sugiere no ya el detalle de lo que acontece, sino el concepto, la síntesis, habla y destaca las lecciones de la vida.
      
    En “Finitud”,  el verso más hondo que destaca es:
“Deja una buena impronta en tu vida, en tu camino”
    Se podría interpretar de muchas formas, tal vez una de ellas: Vive sabiendo que vives, de no ser así, todo será humo que se evaporará.

    Nada vale lo que crees. Nos hemos hecho a valorar las cosas, su posesión. De nuevo Apolo, pero un día vemos que no y todo pierde valor, y es entonces cuando le damos el valor que realmente tiene.

    Todos estos poemas desembocan en “Liberarse”. La sociedad nos ha atado, o nosotros nos hemos atado a la sociedad y hemos aprendido, al ver desde otro punto de vista, que las cosas sociales o materiales no tienen el valor que se les da. ¿Qué hacer? Romper las cadenas que llevamos encima. No nos libera nadie, nosotros mismos lo hacemos. Sólo nosotros lo haremos.

    Llegar a la claridad total de las ideas, el Satori del Budismo, aunque no tenga en este caso ese matiz religioso pero si la relevancia como filosofía de vida.

    “Espera”, “Despedida” y “Al final del camino”, parecen tres poemas encadenados que llevan a un mismo punto, la muerte. Pero la muerte debe tener sentido y ese sentido es que sea posible la última palabra de la noche. Yo lo veo como la recomendación de continuar, no el que se va, el que se queda. Sólo así se podrá conseguir un día un mundo mejor.
    Es decir, un Resumen y punto final de la mujer del poema con una lección de vida que le dará vida, a la vida que se va.

    Poesía intimista, sentida y proyectada como lección. Quizás los trasuntos del hombre puedan ser un tanto distintos a los de la mujer, pero creo que el hombre siente lo mismo, sólo el punto de vista será diferente, el magma vital, no tendrá diferencia ninguna.
Recomiendo una primera y una segunda lectura. Son poemas que no dejan indiferente y que, a pesar de tener un lenguaje directo y claro, ahondan en los temas más profundos.
Tiene la autora un gran dominio de la polisémica y se divierte jugando con las palabras.
Un libro de lenguaje sencillo, del lenguaje de la cotidianeidad, pero que encierra un mundo, unas ideas profundas, incluso, en algún momento difíciles de alcanzar, y ello porque aunque las personas, ya sean mujeres, ya sean hombres, ya sean del país que sean, se encuentran, viven en un contexto, cuya forma externa impide que se acierte con el contexto del otro. Cuando se profundiza se puede llegar a puntos comunes.
 
Antonio Duque Lara
Profesor de español en Japón
Primavera de 2017. Kokubunji, Tokyo, Japón.

 

SUSCRÍBETE A NUESTRA LISTA DE CORREO PREFERENTE

De Sur a Sur Revista de Poesía y Artes Literarias
(máximo recibirás un email semanal)

Escribir comentario

Comentarios: 0