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Entrevista a la narradora y poetisa Gleyvis Coro Montanet

 

Entrevista a la narradora y poetisa Gleyvis Coro Montanet

 

 

 

Los escritores somos sobrevivientes de uno mismo

 

 

 

Por Lázara Ávila Fernández

 

 

 

La narradora y poetisa Gleyvis Coro Montanet ha recibido varios premios nacionales e internacionales entre los que destacan el Gran Premio Vitral de Narrativa por Con los pies en las nubes (Ediciones Vitral, 1998); el Premio Alcorta de Poesía por Escribir en la piedra (Ediciones Loynaz, 2000); el Premio Cirilo Villaverde que otorga la Unión Nacional de Escritores de Cuba y el Premio de la Crítica por su novela La burbuja (Ediciones Unión, 2007).

 

 

 

Obtuvo el Tercer Premio en el Concurso Interamericano de cuentos de la Fundación AVON para la mujer, en Argentina, así como la Beca de Creación Onelio Jorge Cardoso en el XIV Premio de Cuento La Gaceta de Cuba. Ha publicado los poemarios Cantares de Novo-Hem (Ediciones Loynaz, 1999), Poemas briosos (Ediciones Aristas de Cobre, España, 2003) y Aguardando al guardabosque (Ediciones Loynaz, 2006).

 

Gleyvis, es estomatóloga de profesión. Con ella conversamos.

 

 

 

-Te has desempeñado como Profesora en la Universidad Europea de Madrid. Tienes, entre otros, estudios de doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid. Has asistido como Profesora Invitada a diferentes universidades de ciencias biomédicas; entre otros logros como profesional de la salud.  ¿Ejerce la estomatóloga alguna influencia sobre la escritora o viceversa? ¿Por qué?

 

 

 

No lo sé todavía. Y es algo que, en algún momento de mi vida, me hubiera gustado investigar. Pero ya no. En realidad, ejerzo, por un lado, lo que me sostiene económicamente y busco tiempo -en donde no lo hay apenas- para escribir. Más que la influencia de una acción en otra, siento el peso y el estorbo que una acción representa para otra. Ha sido así siempre y es, en varios sentidos, una gran incomodidad, porque genera la sensación de que una va prestada a muchos lugares. Cuando se es una mujer independiente, o se pretende serlo -independiente en el sentido de la libertad, y una escritora tiene que serlo o morir-, hay que gastar mucho tiempo en agenciarse esa libertad. Y todas mis profesiones, con independencia del mucho o mediano éxito que he podido tener en ellas -y que me han hecho muy feliz, no lo puedo negar-, han sido una soberana pérdida de tiempo para el ejercicio de la literatura. Un robo a mano armada del tiempo y el esfuerzo que le debí dedicar al ejercicio de la literatura. No porque la literatura sea mejor que la odontología -seguramente no lo es-, sino porque yo soy mejor escritora que odontóloga y casi mejor escritora que profesora de odontología.

 

 

 

-Has dicho sobre ti, en alusión a tu libro Aguardando al guardabosque y al tratamiento de lo erótico en tu obra que fuera catalogado como “ingenuo” por Nersys Felipe que: “Puedes definirme como una mujer que se mueve por intuiciones y pone todo su atrevimiento y sobre todo su empirismo, en lo que hace. Me gusta que la veta de mi inseguridad esté ahí, que la línea temblorosa tenga un sitio, que la literatura se le ofrezca un poco a la dentista que soy (…) pero Nersys tiene más razón de lo que cualquiera imagina: yo soy naïf”.  ¿Por qué la autora de Cuentos de Guane llevaba más razón que cualquiera en su análisis?

 

 

 

Nersys tenía, en aquella época, el poder del reconocimiento, que es una habilidad científica innata, exacerbada por la maternidad y por la propia condición de mujer, sobre lo que leía entre líneas en mis versos. Los poemas de Aguardando al guardabosque y muchos textos posteriores que trataban el asunto del erotismo directa o tangencialmente los escribí desde la abstención erótica más absoluta. Yo no había tenido pareja, sexo, ni noción alguna sobre sexo a una edad realmente avanzada. Y, en sustitución, escribía versos sobre lo que imaginaba. Era como ejercer sin escuela, ingenua e inocentemente. Y eso podrían saberlo entonces muy pocas personas. Otras, como Nersys, sólo podían detectarlo detrás de los significados velados de palabras que escondían, una y otra vez, sus reales significados.

 

 

 

-En que se diferencia Cantares de Novo-Hem (1999) de tus otros títulos y que mantiene en común con ellos?

 

 

 

 

Yo soy nerd. Y una nerd contemporánea necesita un teatro, un cine, un transporte que funcione y una conexión estable a Internet para no colapsar.

La diferencia es abismal. Mi primer libro de poemas no tiene nada que ver con el último, como mi cabeza de mi primer libro de poemas, no tiene nada que ver con la cabeza con que escribí el último libro. Es la historia de una evolución tan feroz, que la desconexión es absoluta. Y es bueno. Evidencia que he crecido.

 

 

-Poesía y prosa dos maneras diferentes de expresarte y de acomodar las palabras a las exigencias del espíritu y de las normas. ¿Cómo es en tu caso? ¿Qué vino primero, qué después, con cuál de los dos géneros te sientes más cómoda y por qué?

 

 

 

Poesía primero. Prosa después. Ambos géneros como complementarios. Se ayudan y se acompañan. Y uno saca la cara por el otro cuando puede y cuando las circunstancias lo permiten.

 

 

 

- ¿Cómo fue para la creadora que hay en ti “vivir en medio de una ciudad (Pinar del Río-Cuba) sin teatro, prácticamente sin cine y sin transporte, donde el correo electrónico pudo haber sido la ventana real”?

 

 

 

Terrible, fue terrible. Y sólo pude descubrirlo estando fuera, siete años después de estar fuera, en contra de mi voluntad -porque yo salí de Cuba en contra de mi voluntad-. Y anduve dos años partida, muriéndome por regresar, y anduve otros cinco años muriéndome de la añoranza, sin saber ni querer o poder ver lo terrible que había sido, porque la vida posterior no dejó de ser mala en varios sentidos. 

 

Una nace con una sensibilidad diferente y debe arrastrar con ella. Yo soy nerd. Y una nerd contemporánea necesita un teatro, un cine, un transporte que funcione y una conexión estable a Internet para no colapsar. Crear sin nada de eso, vivir sin nada de eso, ha sido espantoso y me ha marcado para mi mal.

 

 

 

-Hay quienes opinan que los escritores somos en alguna medida sobrevivientes. Sobrevivientes de una guerra, de una época o de uno mismo. Cuando haces una valoración sobre tu obra y de los porqués es de una manera específica y no de otra. ¿te consideras un sobreviviente? ¿Por qué?

 

 

 

Sí, claro que soy una sobreviviente. He conservado la vida hasta aquí. Es poco menos que un milagro.

 

 

 

-Nuevos proyectos.

 

 

 

Un libro de cuentos, un libro de teatro en décimas, un libro de poemas sobre el exilio cubano ya escritos, puliditos, a término, pero que nadie quiere -o puede, o sabe- publicar. Todo eso en una carpeta de Mis Documentos que se nombra, en letras capitales, “poesía”.

 

 

 

-Algo más que desees comentar.

 

 

 

Nada más. Muchas gracias.

 

De Sur a Sur Revista de Poesía y Artes Literarias. Mayo  2017
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