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Julio Cortázar. Poemas para Cris

 

Julio Cortázar, un escritor de ningún lugar y de todas partes

 

 

 

Julio Florencio Cortázar Descotte, más conocido como Julio Cortázar, ha sido uno de los más importantes exponentes de la literatura mundial. Su obra es considerada atemporal, y como él mismo, de ningún lugar y de todas partes; su legado, más allá de lugares y generaciones, pudieran ser catalogados como patrimonio de la literatura mundial.

 

Hijo de Julio Cortázar y María Herminia Descotte, nació en la embajada de Argentina en Bélgica, concretamente, en el transcurso de una estancia temporal de sus padres en la pequeña ciudad en Ixelles el 26 de agosto de 1914; como él mismo dijo “mi nacimiento fue un producto del turismo y la diplomacia”; sin renunciar a su nacionalidad argentina, optó por la ciudadanía francesa en 1981, en protesta contra la dictadura militar en su país que lo persiguió y prohibió.

 

El autor de libros tan populares como Rayuela, falleció en París el 12 de febrero de 1984 a los 69 años de edad.

 

Cinco poemas para Cris

 

1.

 

Ya mucho más allá del mezzo

 

camin di nostra vita

 

existe un territorio del amor

 

un laberinto más mental que mítico

 

donde es posible ser

 

lentamente dichoso

 

sin el hilo de Ariadna delirante

 

si espumas ni sábanas ni muslos.

 

Todo se cumple en un reflejo de crepúsculo

 

tu pelo tu perfume tu saliva.

 

Y allí del otro lado te poseo

 

mientras tú juegas con tu amiga

 

los juegos de la noche.

 

2.

 

En realidad, poco me importa

 

que tus senos se duerman

 

en la azul simetría de otros senos.

 

Yo los hubiera hollado

 

con la cosquilla de mi roce

 

y te hubieras reído justamente

 

cuando lo necesario y esperable

 

era que sollozaras.

 

3.

 

Sé muy bien lo que ganas

 

cuando te pierdes en el goce.

 

Porque es exactamente

 

lo que yo habría sentido.

 

4.

 

(La justa errata)

 

habernos encontrado al final del día

 

en un paseo púbico.

 

5.

 

(Me gustaría que creyeras

 

que esto es el irrisorio juego

 

de las compensaciones

 

con que consuelo esta distancia.

 

Sigue entonces danzando

 

en el espejo de otro cuerpo

 

después de haber sonreído

 

apenas

 

para mí).

 

 

 

 

 

Otros cinco poemas para Cris

 

1.

 

Todo lo que precede es como los primeros momentos de un encuentro después de mucho tiempo: sonrisas, preguntas, lentos reajustes.

 

Es raro, me pareces menos morena que

 

antes. ¿Se mejoró por fin tu tía abuela? No, no me gusta

 

la cerveza. Es verdad, me había olvidado.

 

Y por debajo, montacargas de sombra, asciende despacio otro

 

presente. En tu pelo empiezan a temblar las abejas, tu mano

 

roza la mía y pone en ella un dulce algodón de humo. Hueles

 

de nuevo a sur.

 

2.

 

Tienes a ratos

 

la cara del exilio

 

ese que busca voz en tus poemas.

 

Mi exilio es menos duro,

 

le sobran las defensas,

 

pero cuando te llevo de la mano

 

por una callecita de París

 

quisiera tanto que el paseo se acabara

 

en una esquina de Montevideo

 

o en mi calle Corrientes

 

sin que nadie viniera

 

a pedir documentos.

 

3.

 

A veces creo que podríamos

 

conciliar los contrarios

 

hallar la centritud inmóvil de la rueda

 

salir de lo binario

 

ser el vertiginoso espejo que concentra

 

en un vértice último

 

esta ceremoniosa danza que dedico

 

a tu presente ausencia.

 

Recuerdo a Saint-Exupéry: "El amor

 

no es mirar lo que se ama

 

sino mirar los dos en una misma dirección".

 

Pero él no sospechó que tantas veces

 

los dos mirábamos fascinados a una misma mujer

 

y que la espléndida, feliz definición

 

se viene al suelo como un gris pelele.

 

4.

 

Creo que no te quiero,

 

que solamente quiero la imposibilidad

 

tan obvia de quererte

 

como la mano izquierda

 

enamorada de ese guante

 

que vive en la derecha.

 

5.

 

Ratoncito, pelusa, medialuna,

 

calidoscopio, barco en la botella,

 

musgo, campana, diáspora,

 

palingenesia, helecho,

 

eso y el dulce de zapallo,

 

el bandoneón de Troilo y dos o tres

 

zonas de piel en donde

 

hace nido el alción,

 

son las palabras que contienen

 

tu cruel definición inalcanzable,

 

son las cosas que guardan las sustancias

 

de que estás hecha para que alguien

 

beba y posea y arda convencida

 

de conocerte entera,

 

de que sólo eres Cris.

 

 

 

 

 

Cinco últimos poemas para Cris

 

1.

 

Ahora escribo pájaros.

 

No los veo venir, no los elijo,

 

de golpe están ahí, son esto,

 

una bandada de palabras

 

posándose

 

una

 

a

 

una

 

en los alambres de la página,

 

chirriando, picoteando, lluvia de alas

 

y yo sin pan que darles, solamente

 

dejándolos venir. Tal vez

 

sea eso un árbol

 

o tal vez

 

el amor.

 

2.

 

Anoche te soñé

 

sacerdotisa de Sekhmet, la diosa leontocéfala.

 

Ella desnuda en pórfido,

 

tú tersa piel desnuda.

 

¿Qué ofrenda le tendías a la deidad salvaje

 

que miraba a través de tu mirada

 

un horizonte eterno e implacable?

 

La taza de tus manos contenía

 

la libación secreta, lágrimas

 

o tu sangre menstrual, o tu saliva.

 

En todo caso no era semen

 

y mi sueño sabía

 

que la ofrenda sería rechazada

 

con un lento rugido desdeñoso

 

tal como desde siempre lo habías esperado.

 

Después, quizá, ya no lo sé,

 

las garras en tus senos, colmándote.

 

3.

 

Nunca sabré por qué tu lengua entró en mi boca

 

cuando nos despedimos en tu hotel

 

después de un amistoso recorrer la ciudad

 

y un ajuste preciso de distancias.

 

Creí por un momento que me dabas

 

una cita futura,

 

que abrías una tierra de nadie, un interregno

 

donde alcanzar tu minucioso musgo.

 

Circundada de amigas me besaste,

 

yo la excepción, el monstruo,

 

y tú la transgresora murmurante.

 

Vaya a saber a quién besabas,

 

de quién te despedías.

 

Fui el vicario feliz de un solo instante,

 

el que a veces encuentra en su saliva

 

un breve gusto a madreselva

 

bajo cielos australes.

 

4.

 

Quisiera ser Tiresias esta noche

 

y en una lenta espera boca abajo

 

recibirte y gemir bajo tus látigos

 

y tus tibias medusas.

 

Sabiendo que es la hora

 

de la metamorfosis recurrente,

 

y que al bajar al vórtice de espumas

 

te abrirías llorando,

 

dulcemente empalada.

 

Para volver después

 

a tu imperioso reino de falanges,

 

al cerco de tu piel, tus pulpos húmedos,

 

hasta arrastrarnos juntos y alcanzar abrazados

 

las arenas del sueño.

 

Pero no soy Tiresias,

 

tan sólo el unicornio

 

que busca el agua de tus manos

 

y encuentra entre los belfos

 

un puñado de sal.

 

5.

 

No te voy a cansar con más poemas.

 

Digamos que te dije

 

nubes, tijeras, barriletes, lápices,

 

y acaso alguna vez

 

te sonreíste.

 

 

 

De Sur a Sur Revista de Poesía y Artes Literarias. Mayo 2017
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